jueves, 25 de febrero de 2010

Los blogs han muerto (II)

Chola, mi Experiencia de Bloguera

Ay chola, debut y despedida con eso de servir a la sociedad escribiendo consejos de salud y belleza en un blog. Es que no sabes, todo por culpa de Maripí Pinillos, que a medida que pasa el tiempo desarrolla orejas de burro, es cosa de fijarse bien, y es que la chica tiene el IQ de un teléfono público y yo de idiota que la escucho. La otra vez me llamó a contarme que se había vuelto fanática de los blogs porque había descubierto que ahora podías escribir sin que la ortografía y la redacción te importen un huevo, y Maripí es de las que escriben cajón con G. Y los blogs la habían liberado. Cholita, yo que no tenía ni idea de lo que era eso, pucha, me dediqué una semana a navegar blogs y casi me da un enfisema pulmonar al darme cuenta de que yo no estaba participando de una red social esencial para la supervivencia de la especie humana, así que de inmediato llamé al hombre que me ve los asuntos de mi computadora y en media hora y por trescientos euros, pucha, yo ya estaba en todo el orbe y anexos con mi blog llamado Sana y Bella, hablándole al mundo sobre cómo mi experiencia me ha enseñando que para mantenerte regia por fuera y por dentro, o sea, tienes que reunir al menos tres de las siguientes condiciones: limeña, del Villa María, de la Católica, rubia o castaña (aunque eso no es tan rígido), sencillísima, bonita e interesante, psicóloga, psicoanalista, inteligente por sobre todo, soltera pero no fanática y dueña de una especie de simpatía displicente que hace que le caigas bien solo a quien te interesa mientras que el resto del mundo puede hundirse en la opacidad de un Agua Dulce en domingo de verano, no sé si me entiendes. Te juro que cuando escribí ese primer post me sentí como se debió haber sentido Virginia Woolf al acabar las últimas palabras de Al Faro, tanto me identifiqué con ella que decidí lanzarme al río, pero no al Ouse sino al Mala (yo estaba en Totoras), de lo que desistí porque chola, hay demasiada basura y eso de que tu cadáver lo encuentren con un mojón en la cabeza, ay no sé, ¿no te parece? Bueno, a partir de ahí empecé a consultar mi blog unas cuarenta veces al día a la espera de los comentarios, cholita, y claro, comenzaron a venir. El primero lo firmaba kchro y decía: “haber gringa pituka si me pones sana y bella la wasamandrapa”. Yo lo leí y sentí el esoterismo que había detrás de cada palabra y pucha, al fin me vi entendida por alguien en el mundo. Llegó el segundo, suscrito por tkcho: “tu vaz a ser la primera en pasar por el Paredón kuando Antauro tomemos el power y te fuzilemos asta por el orto”. Mira, este ya no me pareció tan esotérico pero bueno, pensé que así es la democracia y como soy súper tolerante, lo eliminé y dejé que entrara el tercero. Venía de una tal kamarada que hija, debe haber sido alumna de alguna dirigente del SUTEP ocupadísima en sus asambleas y que por eso nunca iba a trabajar, porque su mensaje decía literalmente: “grinja vavoza ia veraz k tu y toda tu jente. Entonzes dega de escribir waas y refugiate en eshia xk yo t boy a despeyegar con mis propias manos kuando llege el gran dia de la rebolucion proletaria”. Mira, yo te voy a decir que desde que tenía quince años leo a los poetas decontructivistas italianos y por supuesto, pucha, a los beatniks y nunca me ha preocupado la normativa lingüística porque además, pucha, por ese camino podía terminar teniendo la papada de la doctora Hildebrandt y ante eso, cómo te explico, prefiero el resto de imperfecciones. Pero esto de los comentarios al blog me pareció too much y entonces desarrollé la siguiente reflexión: “si tú puedes escribir dirigiéndote a la gente que conoces y que te conoce y que, pucha, te va a respetar siempre aun cuando esté en desacuerdo contigo (cosa de la que nunca te vas a enterar), ¿a qué meterte a lidiar con esa horda anónima de la que ni sabes en qué colegio estudió ni a qué playa va?”. Regio, hija, decidí clausurar el estúpido blog ese y ahora estoy editando una revista que se llama igual, Regia y Sana, y que la voy a distribuir gratuitamente entre los kilómetros 100 y 120 de la Panamericana Sur, donde nadie me podrá contestar con faltas de ortografía en gran medida porque nadie sabe escribir, pero eso sí, con mucha clase. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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