
La PRIMERA REFLEXIÓN es que en contra de la ideología reformista e interclasista desarrollada en los últimos decenios, la lucha de clases no desaparece, no se extingue nunca, sino que como ya dijo el Manifiesto Comunista hace más de siglo y medio, se mantienen latente, en el subsuelo social, actuando de forma imperceptible como el viejo topo del que hablara Karl Marx. Durante los períodos de relativa “normalidad”, de bonanza económica y de capacidad de concesión de mejoras por parte de la burguesía, en estos períodos, la lucha de clases se mantiene reducida a las presiones por mejoras socioeconómicas y sociopolíticas. Desde 1945 y en parte debido a la presencia de la URSS pero también debido a que las clases trabajadoras europeas no olvidaban el colaboracionismo de sus burguesías con los ocupantes nazis, por estas y otras razones, como los beneficios económicos de la reconstrucción, etc., en este período denominado los “treinta gloriosos” de la historia capitalista, la lucha de clases aparentemente desapareció en su forma dura.
Carecemos de espacio para analizar las relaciones de supeditación del euroimperialismo al imperialismo occidental dirigido por los EEUU, y la agudización de las contradicciones mundiales que abre la posibilidad de guerras locales que desencadenen dinámicas prebélicas a gran escala. Los intelectuales burgueses no podían imaginar hace dos décadas la evolución del mundo, y se reían a carcajadas de la teoría marxista del imperialismo. Ahora la realidad les da pánico y no hacen sino justificar como sea el espeluznante rearme imperialista mundial. Mientras las contradicciones de fondo se agudizan, las burguesías europeas más poderosas han jugado con el pueblo trabajador griego, y con los demás, como juega el depredador con su presa, apretando poco a poco la soga alrededor de su cuello, en un sádico juego de controlar el tiempo económico-político en función de sus intereses internos y de la debilidad creciente de la víctima. Al no poder imponer militarmente, por ahora, sus exigencias recurren a presiones económicas y políticas cada vez más duras, amenazando directamente con la expulsión de la zona euro, y con otras medidas más drásticas, lo que causa pavor en esas burguesías débiles que tienen más miedo a sus propios pueblos explotados que a los tiburones financiero-industriales.
La TERCERA REFLEXIÓN surge precisamente del comportamiento de las burguesías débiles, que aceptan las durísimas exigencias externas contra sus pueblos con tal de mantenerse en el poder. La clase trabajadora griega está luchando por la verdadera independencia de su país, independencia práctica rechazada por su burguesía al aceptar la dominación impuesta por potencias extranjeras, por el FMI, por el capital financiero, etc. Desde hace algunos años, independentistas vascos explicaban en foros internacionales el surgimiento de nuevas opresiones nacionales dentro de la UE, sobre pueblos oficialmente soberanos, invisibles desde el la ceguera dogmática, como efecto de la transferencia de valor, del saqueo legalizado por la UE de la riqueza de los pueblos y Estados débiles a manos de los fuertes, mostrando que ya actuaba en la práctica la Europa de las dos velocidades, incluso con la aparición de una periferia sobreexplotada dentro de la UE. La crisis capitalista real emergida entre verano de 2007 y 2008 intensifica estas explotaciones nacionales dentro de la UE.
En un alarde de cinismo hipócritase acusa al pueblo griego de haber falsificado u ocultado datos sobre su verdadera situación económica para no perder la confianza de los mercados financieros. El capitalismo es terrorista, corrupto y mentiroso en su misma esencia y las mentiras de la gran banca, de los monopolios y de los Estados imperialistas son cualitativa y cuantitativamente más dañinos para la humanidad que las del pequeño y pobre Estado griego. El pueblo griego debe exigir responsabilidades a su clase dominante, y cargar sólo sobre ésta los costos de la crisis. Aún así, el pueblo trabajador griego tiene la suerte de disponer de su propio Estado, de ser siquiera formalmente independiente, lo que aumenta su capacidad de lucha y de defensa contra esta nueva forma de opresión nacional invisible. Otros pueblos no tenemos esos recursos, y debemos conseguirlos cuanto antes para defendernos de la ferocidad del euroimperialismo. Euskal Herria necesita un Estado independiente que asuma la defensa de su pueblo trabajador en medio de la crisis mundial.
Por: IÑAKIGIL DE SAN VICENTE, EUSKAL HERRIA (6-V-2010) , tomado de: