miércoles, 22 de diciembre de 2010

Aislar a Humala


Por Raúl Wiener | POLITIKA | Analista

No sé si llamarle franqueza, crudeza o qué, pero cuando Gustavo Guerra García le escribe una balbuceante carta a Susana Villarán, tratando de explicar por qué apoyó la alianza con el Movimiento Nueva Izquierda sin consultar con la jefa que andaba en Madrid, anota sin comerse la lengua que esto era, entre otras cosas, para “aislar a Ollanta Humala y apuntar a volver a unir el campo de lo social”.

La frase que varios han comentado contrastándola con la falta de otras motivaciones políticas que se refieran a combatir las candidaturas de la derecha, tiene como meollo, sin embargo, la explicitación de un objetivo político: aislar al adversario que le disputa la conducción de lo social.

Esto no parece una posición exclusiva de Gustavo Guerra García sino un recordatorio a la viajera, de los planes en que estaban embarcados. Queda claro así que la “audacia” de las municipales de acercarse al resto de la izquierda, entre ellos al apestado MNI, era un escalón “para volver a unir el campo de lo social”, que había sido hegemonizado por el nacionalismo en las elecciones de 2006, y aprovechar la no presentación de lista a la Alcaldía de Lima de Ollanta Humala, para aislarlo, apuntando luego a desechar a los rojos más rojos cuando ya fueran innecesarios.

Para el 2011, Fuerza Social tenía un nuevo escenario con el nacionalismo en la cancha; con la izquierda planteando un frente unitario que pasaba por entenderse con Humala; sin candidato propio que pudiera dar una pelea exitosa.

Ciertamente, con un proceso interno en el que la única figura que sacaba la cara era Hernando Guerra García, acribillado por la derecha y otros sectores por su pasado Fujimorista, el partido de Villarán no iba a poder hacerle mella a Ollanta ni apropiarse de algún segmento importante de “lo social”.

Se explica entonces que la dirección en Lima decidiera un temerario viraje al conformar un nuevo sancochado ideológico con el MNI, los Fonavistas y Tierra y Libertad del sacerdote Arana.

Esta criatura infeliz que duró apenas unos días, efectivamente tuvo el efecto de terminar de abortar una eventual alianza entre el Partido Nacionalista y toda la Izquierda (al margen de que también hubo desentendimientos entre el MNI y Ollanta), y de empujar a los nacionalistas hacia un mayor cierra filas.

Esto es lo que trataba de explicar el segundo de Fuerza Social, a LA PRIMERA que se encontraba en Madrid. Pero luego sobrevino la lógica de la “nueva política”, que implicaba darse cuenta que ya nada impedía echar a un lado a todos los aliados, precisamente cuando se habían vencido todos los plazos legales y ya no había donde pudieran reacomodarse.

En esta canallada han estado finalmente revueltos Villarán, Huaroc, Guerra García y el mismísimo Rodríguez Cuadros, que se coló en la escena electoral por invitación del MNI, pero una vez con la chalina verde los vio caer. Claro que después de este faenón increíble han empezado a contarse los daños ocasionados a todos los actores: el MNI y Tierra y Libertad se han sumido en grave crisis interna y han quedado fuera de las elecciones; pero Fuerza Social ha liquidado el encanto de la sonrisa de Susana aún antes que asuma la alcaldía. Ha desgastado la candidatura presidencial antes de lanzarla, se ha aislado de izquierda y derecha y va camino a perder su inscripción electoral.

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