martes, 15 de marzo de 2011

Testigo arriesgó su vida para grabar el tsunami de cerca en Japón



El tsunami desde una perspectiva muy personal, quizá hasta irresponsable, es lo que muestra este perturbador video grabado a ras del piso en la localidad portuaria de Kesennuma, prefectura de Miyagi, por un japonés que fue testigo de cómo su ciudad era arrasada por el tsunami que sobrevino al terremoto del viernes.

La grabación, emitida por la estación japonesa TV Asahi, se ha expandido rápidamente en la red a través de YouTube y Facebook gracias a las asombrosas tomas que dan cuenta de la destrucción causada por la salida del mar. En las imágenes se aprecia cómo el agua se lleva consigo autos y casas enteras.

A diferencia de los innumerables videos vistos en televisión y en Internet en los últimos días, esta tiene la particularidad de haber sido grabada desde el suelo antes de que el agua ganase las calles. Con el avance del agua, el autor del video sube unas escaleras, continúa grabando y logra captar a varias personas tratando de salvar sus vidas en los techos de las casas.

A decir de las autoridades, que recomiendan alejarse lo más posible del agua y ponerse a buen recaudo en terrenos elevados, el autor de la grabación puso en peligro su vida al tomar estas impresionantes imágenes.

sábado, 5 de marzo de 2011

La ruta del cebiche en Cañete


Veda de conchas negras y camarones no tiene por qué afectar al turismo gastronómico. Una guía para saber qué ver y comer en estas zonas.

SUR CHICO
La provincia de Cañete está favorecida por el río que lleva el mismo nombre. Es una provincia conformada por 16 distritos, cada uno con atractivos imperdibles.

¿Qué comer? En San Vicente de Cañete se come el mejor cebiche de trucha, dicen los expertos. Este pescado de río y lagunas ha encontrado un sabroso destino sumergido en limón por manos cañetanas. Pero eso no es todo, pues la amplia variedad de cebiches de pescados y mariscos es uno de los puntos fuertes de la provincia. Otra recomendación, con la cual debimos haber empezado de no ser por el período de veda actual, es el exuberante cebiche de camarones, pero, ya saben, paciencia. Otros platos: pato en ají, sopa seca, conejos a la carapulcra, cuy al vino, chicharrones, picarones. Y para beber: vino, pisco y cachina.

¿Qué visitar?
Lunahuaná
. Conocida como la capital turística de Cañete. Aquí se pueden practicar deportes de aventura como canotaje, trekking, ciclismo de montaña y parapente.

Cerro Azul. Histórico balneario y muy concurrido por corredores de tabla, con una notable playa protagonista de algunas obras literarias.

Baños medicinales de Chilca. Las aguas de este balneario poseen, según la tradición popular, propiedades curativas.

DATOS
La veda de conchas negras y camarones dura hasta el 31 de marzo.
El 28 y 29 de marzo se llevará a cabo el Festival de la Vendimia en Santa Cruz de las Flores, Cañete

FIDEL CASTRO: La Guerra inevitable de la OTAN (Segunda parte)


Cuando Gaddafi, coronel del ejército libio, inspirado en su colega egipcio Abdel Nasser, derrocó al Rey Idris I en 1969 con solo 27 años de edad, aplicó importantes medidas revolucionarias como la reforma agraria y la nacionalización del petróleo. Los crecientes ingresos fueron dedicados al desarrollo económico y social, particularmente a los servicios educacionales y de salud de la reducida población libia, ubicada en un inmenso territorio desértico con muy poca tierra cultivable.

Bajo aquel desierto existía un extenso y profundo mar de aguas fósiles. Tuve la impresión, cuando conocí un área experimental de cultivos, que aquellas aguas, en un futuro, serían más valiosas que el petróleo.

La fe religiosa, predicada con el fervor que caracteriza a los pueblos musulmanes, ayudaba en parte a compensar la fuerte tendencia tribal que todavía subsiste en ese país árabe.

Los revolucionarios libios elaboraron y aplicaron sus propias ideas respecto a las instituciones legales y políticas, que Cuba, como norma, respetó.

Nos abstuvimos por completo de emitir opiniones sobre las concepciones de la dirección libia.

Vemos con claridad que la preocupación fundamental de Estados Unidos y la OTAN no es Libia, sino la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe que desean impedir a cualquier precio.

Es un hecho irrebatible que las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN con Libia en los últimos años eran excelentes, antes de que surgiera la rebelión en Egipto y en Túnez.

En los encuentros de alto nivel entre Libia y los dirigentes de la OTAN ninguno de estos tenía problemas con Gaddafi. El país era una fuente segura de abastecimiento de petróleo de alta calidad, gas e incluso potasio. Los problemas surgidos entre ellos durante las primeras décadas habían sido superados.

Se abrieron a la inversión extranjera sectores estratégicos como la producción y distribución del petróleo.

La privatización alcanzó a muchas empresas públicas. El Fondo Monetario Internacional ejerció su beatífico papel en la instrumentación de dichas operaciones.

Como es lógico, Aznar se deshizo en elogios a Gaddafi y tras él Blair, Berlusconi, Sarkozy, Zapatero, y hasta mi amigo el Rey de España, desfilaron ante la burlona mirada del líder libio. Estaban felices.

Aunque pareciera que me burlo no es así; me pregunto simplemente por qué quieren ahora invadir Libia y llevar a Gaddafi a la Corte Penal Internacional en La Haya.

Lo acusan durante las 24 horas del día de disparar contra ciudadanos desarmados que protestaban. ¿Por qué no explican al mundo que las armas y sobre todo los equipos sofisticados de represión que posee Libia fueron suministrados por Estados Unidos, Gran Bretaña y otros ilustres anfitriones de Gaddafi?

Me opongo al cinismo y a las mentiras con que ahora se quiere justificar la invasión y ocupación de Libia.

La última vez que visité a Gaddafi fue en mayo de 2001, 15 años después de que Reagan atacó su residencia bastante modesta, donde me llevó para ver cómo había quedado. Recibió un impacto directo de la aviación y estaba considerablemente destruida; su pequeña hija de tres años murió en el ataque: fue asesinada por Ronald Reagan. No hubo acuerdo previo de la OTAN, el Consejo de Derechos Humanos, ni el Consejo de Seguridad.

Mi visita anterior había tenido lugar en 1977, ocho años después del inicio del proceso revolucionario en Libia. Visité Trípoli; participé en el Congreso del Pueblo libio, en Sebha; recorrí los primeros experimentos agrícolas con las aguas extraídas del inmenso mar de aguas fósiles; conocí Bengasi, fui objeto de un cálido recibimiento. Se trataba de un país legendario que había sido escenario de históricos combates en la última guerra mundial. Aún no tenía seis millones de habitantes, ni se conocía su enorme volumen de petróleo ligero y agua fósil. Ya las antiguas colonias portuguesas de África se habían liberado.

En Angola habíamos luchado durante 15 años contra las bandas mercenarias organizadas por Estados Unidos sobre bases tribales, el gobierno de Mobutu, y el bien equipado y entrenado ejército racista del apartheid. Éste, siguiendo instrucciones de Estados Unidos, como hoy se conoce, invadió Angola para impedir su independencia en 1975, llegando con sus fuerzas motorizadas a las inmediaciones de Luanda. Varios instructores cubanos murieron en aquella brutal invasión. Con toda urgencia se enviaron recursos.

Expulsados de ese país por las tropas internacionalistas cubanas y angolanas hasta la frontera con Namibia ocupada por Sudáfrica, durante 13 años los racistas recibieron la misión de liquidar el proceso revolucionario en Angola.

Con el apoyo de Estados Unidos e Israel desarrollaron el arma nuclear. Poseían ya ese armamento cuando las tropas cubanas y angolanas derrotaron en Cuito Cuanavale sus fuerzas terrestres y aéreas, y desafiando el riesgo, empleando las tácticas y medios convencionales, avanzaron hacia la frontera de Namibia, donde las tropas del apartheid pretendían resistir. Dos veces en su historia nuestras fuerzas han estado bajo el riesgo de ser atacadas por ese tipo de armas: en octubre de 1962 y en el Sur de Angola, pero en esa segunda ocasión, ni siquiera utilizando las que poseía Sudáfrica habrían podido impedir la derrota que marcó el fin del odioso sistema. Los hechos ocurrieron bajo el gobierno de Ronald Reagan en Estados Unidos y Pieter Botha en Sudáfrica.

De eso, y de los cientos de miles de vidas que costó la aventura imperialista, no se habla.

Lamento tener que recordar estos hechos cuando otro gran riesgo se cierne sobre los pueblos árabes, porque no se resignan a seguir siendo víctimas del saqueo y la opresión.

La Revolución en el mundo árabe, que tanto temen Estados Unidos y la OTAN, es la de los que carecen de todos los derechos frente a los que ostentan todos los privilegios, llamada, por tanto, a ser más profunda que la que en 1789 se desató en Europa con la toma de la Bastilla.

Ni siquiera Luis XIV, cuando proclamó que el Estado era él, poseía los privilegios del Rey Abdulá de Arabia Saudita, y mucho menos la inmensa riqueza que yace bajo la superficie de ese casi desértico país, donde las transnacionales yankis determinan la sustracción y, por tanto, el precio del petróleo en el mundo.

A partir de la crisis en Libia, la extracción en Arabia Saudita se elevó en un millón de barriles diarios, a un costo mínimo y, en consecuencia, por ese solo concepto los ingresos de ese país y quienes lo controlan se elevan a mil millones de dólares diarios.

Nadie imagine, sin embargo, que el pueblo saudita nada en dinero. Son conmovedores los relatos de las condiciones de vida de muchos trabajadores de la construcción y otros sectores, que se ven obligados a trabajar 13 y 14 horas con salarios miserables.

Asustados por la ola revolucionaria que sacude el sistema de saqueo prevaleciente, después de lo ocurrido con los trabajadores de Egipto y Túnez, pero también por los jóvenes sin empleo en Jordania, los territorios ocupados de Palestina, Yemen, e incluso Bahrein y los Emiratos Árabes con ingresos más elevados, la alta jerarquía saudita está bajo el impacto de los acontecimientos.

A diferencia de otros tiempos, hoy los pueblos árabes reciben información casi instantánea de los sucesos, aunque extraordinariamente manipulada.

Lo peor para el estatus quo de los sectores privilegiados es que los porfiados hechos están coincidiendo con un considerable incremento de los precios de los alimentos y el impacto demoledor de los cambios climáticos, mientras Estados Unidos, el mayor productor de maíz del mundo, gasta el 40 por ciento de ese producto subsidiado y una parte importante de la soya en producir biocombustible para alimentar los automóviles. Seguramente Lester Brown, el ecologista norteamericano mejor informado del mundo sobre productos agrícolas, nos pueda ofrecer una idea de la actual situación alimentaria.

El presidente bolivariano, Hugo Chávez, realiza un valiente esfuerzo por buscar una solución sin la intervención de la OTAN en Libia. Sus posibilidades de alcanzar el objetivo se incrementarían si lograra la proeza de crear un amplio movimiento de opinión antes y no después que se produzca la intervención, y los pueblos no vean repetirse en otros países la atroz experiencia de Iraq.

Final de la Reflexión.

Petróleo y gas natural: sustitución y desconexión


Por Humberto Campodónico

El precio del petróleo Brent ha superado los US$ 100/barril. Nadie sabe a ciencia cierta cuál será la evolución futura de los precios, pero las “adivinanzas científicas” dicen que lo más probable es que los precios se mantengan altos en los próximos 3 a 5 años, debido al aumento de la demanda, las restricciones de oferta y los problemas geopolíticos.

Esas son malas noticias para países importadores de petróleo, como el Perú. Actualmente depende en un 65% de petróleo importado, siendo solo el 35% restante de origen nacional. En el 2010 la importación de petróleo y derivados ascendió a US$ 4,063 millones, presionando negativamente la balanza comercial.

Además, no hay perspectivas creíbles que permitan aumentar su producción en el corto plazo. Existen planes de Perenco para explotar el petróleo pesado de la Selva Norte en la frontera con Ecuador. Pero, a pesar de los anuncios –muchos de ellos triunfalistas– la realidad que tenemos es esa: planes, que –en el mejor de los casos– demandarían 4 a 5 años para materializarse. Por eso la alternativa energética más importante en el corto plazo es el gas natural, pues sustituye a los derivados del petróleo en la producción de electricidad, en las fábricas, en los hogares y, sobre todo, en el consumo automotor. Veamos.

En el Perú se consumieron 62 millones de barriles (MMB) de petróleo en el 2009, en sus diferentes derivados: gasolinas, diesel, GLP, residuales y asfalto, entre otros. El consumo de GLP de 12 MMB proviene en casi un 100% de Camisea. Por tanto, allí hay ya un aporte importante a la producción nacional.

Desde el 2005 en adelante, el gas de Camisea representa cerca del 33% del consumo total de energía en el país. El consumo es de 310 millones de pies cúbicos diarios, lo que equivale a 20 MMB por año. Esta cantidad es adicional, ojo, a los 62 MMB de consumo de petróleo. Si consideramos que el 100% del consumo de gas sustituye al petróleo (en realidad el porcentaje es algo menor), con un precio de US$ 80/barril, vemos que los 22 MMB equivalen a US$ 1,760 millones. Cifra nada despreciable, ¿no es cierto?

Hay más. El gas natural es mucho más barato que el petróleo porque existe una “desconexión” entre los precios de ambos (1). Así, cuando el precio del gas está en US$ 4/MMBTU (que es el precio, hoy, del Henry Hub de EEUU) el precio del petróleo debería estar en US$ 24/barril. Pero sucede que, hoy, el precio del petróleo está en US$ 100/barril. Enorme diferencia, ¿no?

Esto quiere decir que el precio del gas es la cuarta parte del precio del petróleo. Dicho de otro modo, el ahorro por sustitución energética de gas por petróleo es enorme. Si esto es así, y lo es, ¿no deberíamos estar propiciando la sustitución masiva de petróleo por gas en todo el Perú, llevándolo, por ejemplo, al sur del país –nuestra región más pobre– mediante el gasoducto andino? De esa manera, el petróleo caro no repercutiría en el alza de la gasolina y, por tanto, en la inflación. Pero hoy sucede lo inverso. Se está exportando el gas de Camisea, que es nuestro pasaporte a la no-dependencia del petróleo caro importado, en lugar de satisfacer la demanda interna. El proyecto Camisea ha sido bueno para el país, pero fue desnaturalizado en los últimos años de Toledo cuando se cometieron delitos para cambiar los contratos y permitir la exportación, lo que ha continuado con este gobierno. En el Siglo XXI la energía seguirá siendo, quizá más que antes, un insumo estratégico para el desarrollo sostenible (siempre y cuando se cumpla con la licencia ambiental y la licencia social). Por eso, es indispensable cambiar, ya, la actual “política” energética.

(1) Para una explicación detallada, ver “La desconexión entre el precio del petróleo y el gas”, www.cristaldemira.com, 31/07/2010.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cinco causas de la insurrección árabe


Por: Ignacio Ramonet

País: Bahréin, Egipto, Libia, Marruecos, Mundo árabe, Túnez
Tema: Democracia, Mundo árabe, Movimiento social

Cuáles son las causas del vendaval de libertad que, de Marruecos a Bahréin, pasando por Túnez, Libia y Egipto, sopla sobre el mundo árabe? ¿Por qué motivos estas simultáneas ansias de democracia se expresan precisamente ahora?
A estas dos preguntas, las respuestas son de diversa índole: histórica, política, económica, climática y social.

1. Histórica. Desde el final de la Primera Guerra Mundial y la implosion del Imperio otomano, el interés de las potencias occidentales por el mundo árabe (Oriente Próximo y África del Norte) ha tenido dos principales incentivos: controlar los hidrocarburos y garantizar un hogar nacional judío. Después de la Segunda Guerra Mundial y del traumatismo universal del Holocausto, la creación del Estado de Israel, en 1948, tuvo como contrapartida la llegada al poder, en varios Estados árabes liberados del colonialismo, de fuerzas antisionistas (opuestas a la existencia de Israel): de tipo “militar nacionalista” en Egipto y Yemen, o de carácter “socialista árabe” en Irak, Siria, Libia y Argelia.

Tres guerras perdidas contra Israel (en 1956, 1967 y 1973) condujeron a Egipto y a Jordania a firmar tratados de paz con el Estado judío y a alinearse con Estados Unidos que ya controlaba –en el marco de la Guerra Fría– todas las petromonarquías de la península Arábiga así como el Líbano, Túnez y Marruecos. De este modo, Washington y sus aliados occidentales mantenían sus dos objetivos prioritarios: el control del petróleo y la seguridad de Israel. A cambio, protegían la permanencia de feroces tiranos (Hasán II, el general Mubarak, el general Ben Alí, los reyes saudíes Faisal, Fahd y Abdalá, etc.) y sacrificaban cualquier aspiración democrática de las sociedades.

2. Política. En los Estados del pretendido “socialismo árabe” (Irak, Siria, Libia y Argelia), bajo los cómodos pretextos de la “lucha antiimperialista” y de la “caza de comunistas”, también se establecieron dictaduras de partido único, gobernadas con mano de hierro por déspotas de antología (Sadam Hussein, Al Assad padre e hijo, y Muamar al Gadafi, el más demencial de ellos). Dictaduras que garantizaban, por lo demás, el aprovisionamiento en hidrocarburos de las potencias occidentales y que no amenazaban realmente a Israel (cuando Irak pareció hacerlo fue destruido). De ese modo, sobre los ciudadanos árabes, cayó una losa de silencio y de terror.

Las olas de democratización se sucedían en el resto del mundo. Desaparecieron, en los años 1970, las dictaduras en Portugal, España y Grecia. En 1983, en Turquía. Tras la caída del muro del Berlín, en 1989, se derrumbó la Unión Soviética así como el “socialismo real” de Europa del Este. En América Latina cayeron las dictaduras militares en los años 1990. Mientras tanto, a escasos kilómetros de la Unión Europea, con la complicidad de las potencias occidentales (entre ellas España), el mundo árabe seguía en estado de glaciación autocrática.

Al no permitirse ninguna forma de expresión crítica, la protesta se localizó en el único lugar de reunión no prohibido: la mezquita. Y en torno al único libro no censurable: el Corán. Así se fueron fortaleciendo los islamismos. El más reaccionario fue difundido por Arabia Saudí con el decidido apoyo de Washington que veía en él un argumento para mantener a los pueblos árabes en la “sumisión” (significado de la palabra ‘islam’). Pero también surgió, sobre todo después de la “revolución islámica” de 1979 en Irán, el islamismo político que halló en los versos del Corán argumentos para reclamar justicia social y denunciar la corrupción, el nepotismo y la tiranía.

De ahí nacieron varias ramas más radicales, dispuestas a conquistar el poder por la violencia y la “Guerra Santa”. Así se engendró Al Qaeda...
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las potencias occidentales, con la complicidad de las “dictaduras amigas”, añadieron un nuevo motivo para mantener bajo férreo control a las sociedades árabes: el miedo al islamismo. En vez de entender que éste era la consecuencia de la carencia de libertad y de la ausencia de justicia social, agregaron más injusticia, más despotismo, más represión...

3. Económica. Varios Estados árabes padecieron las repercusiones de la crisis global iniciada en 2008. Muchos trabajadores de estos países, emigrados en Europa, perdieron su trabajo. El volumen de las remesas de dinero enviadas a sus familias disminuyó. La industria turística se marchitó. Los precios de los hidrocarburos (en aumento estas últimas semanas a causa de la insurrección popular en Libia) se depreciaron. Simultáneamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso, a Túnez, Egipto y Libia, programas de privatización de los servicios públicos, reducciones drásticas de los presupuestos del Estado, disminución del número de funcionarios... Unos severos planes de ajuste que empeoraron, si cabe, la vida de los pobres y sobre todo amenazaron con socavar la situación de las clases medias urbanas (las que tienen precisamente acceso al ordenador, al móvil y a las redes sociales) arrojándolas a la pobreza.

4. Climática. En este contexto, ya de por sí explosivo, se produjo, el verano pasado, un desastre ecológico en una región alejada del mundo árabe. Pero el planeta es uno. Durante semanas, Rusia, uno de los principales exportadores de cereales del mundo, conoció la peor ola de calor y de incendios de su historia. Un tercio de su cosecha de trigo fue destruida. Moscú suspendió la exportación de cereales (que sirven también para nutrir al ganado) cuyos precios inmediatamente subieron un 45%. Ese aumento repercutió en los alimentos: pan, carne, leche, pollo... Provocando, a partir de diciembre de 2010, el mayor incremento de precios alimentarios desde 1990. En el mundo árabe, una de las principales regiones importadoras de esos productos, las protestas contra la carestía de la vida se multiplicaron...

5. Social. Añádase a lo precedente: una población muy joven y unos monumentales niveles de paro. Una imposibilidad de emigrar porque Europa ha blindado sus fronteras y establecido descaradamente acuerdos para que las autocracias árabes se encarguen del trabajo sucio de contener a los emigrantes clandestinos. Un acaparamiento de los mejores puestos por las camarillas de las dictaduras más arcaicas del planeta...

Faltaba una chispa para encender la pradera. Hubo dos. Ambas en Tunez. Primero, el 17 de diciembre, la auto-immolación por fuego de Mohamed Buazizi, un vendedor ambulante de fruta, como signo de condena de la tiranía. Y segundo, repercutidas por los teléfonos móviles, las redes sociales (Facebook, Twitter), el correo electrónico y el canal Al-Yazeera, las revelaciones de WikiLeaks sobre la realidad concreta del desvergonzado sistema mafioso establecido por el clan Ben Alí-Trabelsí.

El papel de las redes sociales ha resultado fundamental. Han permitido franquear el muro del miedo: saber de antemano que decenas de miles de personas van a manifestarse un día D y a una hora H es una garantía de que uno no protestará aislado exponiéndose en solitario a la represión del sistema. El éxito tunecino de esta estrategia del enjambre iba a convulsionar a todo el mundo árabe.

FIDEL CASTRO: La Guerra inevitable de la OTAN


A diferencia de lo que ocurre en Egipto y Túnez, Libia ocupa el primer lugar en el Índice de Desarrollo Humano de África y tiene la más alta esperanza de vida del Continente. La educación y la salud reciben especial atención del Estado. El nivel cultural de su población es sin dudas más alto. Sus problemas son de otro carácter. La población no carecía de alimentos y servicios sociales indispensables. El país requería abundante fuerza de trabajo extranjera para llevar a cabo ambiciosos planes de producción y desarrollo social.

Por ello suministraba empleo a cientos de miles de trabajadores egipcios, tunecinos, chinos y de otras nacionalidades. Disponía de enormes ingresos y reservas en divisas convertibles depositadas en los bancos de los países ricos, con las cuales adquirían bienes de consumo e incluso, armas sofisticadas que precisamente le suministraban los mismos países que hoy quieren invadirla en nombre de los derechos humanos.

La colosal campaña de mentiras, desatada por los medios masivos de información, dio lugar a una gran confusión en la opinión pública mundial. Pasará tiempo antes de que pueda reconstruirse lo que realmente ha ocurrido en Libia, y separar los hechos reales de los falsos que se han divulgado.

Emisoras serias y prestigiosas, como Telesur, se veían obligadas a enviar reporteros y camarógrafos a las actividades de un grupo y a las del lado opuesto, para informar lo que realmente ocurría.

Las comunicaciones estaban bloqueadas, los funcionarios diplomáticos honestos se jugaban la vida recorriendo barrios y observando actividades, de día o de noche, para informar lo que estaba ocurriendo. El imperio y sus principales aliados emplearon los medios más sofisticados para divulgar informaciones deformadas sobre los acontecimientos, entre las cuales había que inferir los rasgos de la verdad.

Sin duda alguna, los rostros de los jóvenes que protestaban en Bengasi, hombres, y mujeres con velo o sin velo, expresaban indignación real.

Se puede apreciar la influencia que todavía ejerce el componente tribal en ese país árabe, a pesar de la fe musulmana que comparte sinceramente el 95% de su población.

El imperialismo y la OTAN ─seriamente preocupados por la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe, donde se genera gran parte del petróleo que sostiene la economía de consumo de los países desarrollados y ricos─ no podían dejar de aprovechar el conflicto interno surgido en Libia para promover la intervención militar. Las declaraciones formuladas por la administración de Estados Unidos desde el primer instante fueron categóricas en ese sentido.

Las circunstancias no podían ser más propicias. En las elecciones de noviembre la derecha republicana propinó un golpe contundente al Presidente Obama, experto en retórica.

El grupo fascista de “misión cumplida”, apoyado ahora ideológicamente por los extremistas del Tea Party, redujo las posibilidades del actual Presidente a un papel meramente decorativo, en el que peligraba incluso su programa de salud y la dudosa recuperación de la economía, a causa del déficit presupuestario y el incontrolable crecimiento de la deuda pública, que batían ya todos los records históricos.

Pese al diluvio de mentiras y la confusión creada, Estados Unidos no pudo arrastrar a China y la Federación Rusa a la aprobación por el Consejo de Seguridad de una intervención militar en Libia, aunque logró en cambio obtener, en el Consejo de Derechos Humanos, la aprobación de los objetivos que buscaba en ese momento. Con relación a una intervención militar, la Secretaria de Estado declaró con palabras que no admiten la menor duda: “ninguna opción está descartada”.

El hecho real es que Libia está ya envuelta en una guerra civil, como habíamos previsto, y nada pudo hacer Naciones Unidas para evitarlo, excepto que su propio Secretario General regara una buena dosis de combustible en el fuego.

El problema que tal vez no imaginaban los actores es que los propios líderes de la rebelión irrumpieran en el complicado tema declarando que rechazaban toda intervención militar extranjera.

Diversas agencias de noticias informaron que Abdelhafiz Ghoga, portavoz del Comité de la Revolución declaró el lunes 28 que “‘El resto de Libia será liberado por el pueblo libio’”.

“Contamos con el ejército para liberar Trípoli’ aseguró Ghoga durante el anuncio de la formación de un ‘Consejo Nacional’ para representar a las ciudades del país en manos de la insurrección.”

“‘Lo que queremos es informaciones de inteligencia, pero en ningún caso que se afecte nuestra soberanía aérea, terrestre o marítima’, agregó, durante un encuentro con periodistas en esta ciudad situada 1.000 km al este de Trípoli.”

“La intransigencia de los responsables de la oposición sobre la soberanía nacional reflejaba la opinión manifestada en forma espontánea por muchos ciudadanos libios a la prensa internacional en Bengasi”, informó un despacho de la agencia AFP el pasado lunes.

Ese mismo día, una profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Bengasi, Abeir Imneina, declaró:

“Hay un sentimiento nacional muy fuerte en Libia.”

“‘Además, el ejemplo de Irak da miedo al conjunto del mundo árabe’, subraya, en referencia a la invasión norteamericana de 2003 que debía llevar la democracia a ese país y luego, por contagio, al conjunto de la región, una hipótesis totalmente desmentida por los hechos.”

Prosigue la profesora:

“‘Sabemos lo que pasó en Irak, es que se encuentra en plena inestabilidad, y verdaderamente no deseamos seguir el mismo camino. No queremos que los norteamericanos vengan para tener que terminar lamentando a Gadafi’, continuó esta experta.”

“Pero según Abeir Imneina, ‘también existe el sentimiento de que es nuestra revolución, y que nos corresponde a nosotros hacerla’.”

A las pocas horas de publicarse este despacho, dos de los principales órganos de prensa de Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post, se apresuraron en ofrecer nuevas versiones sobre el tema, de lo cual informa la agencia DPA al día siguiente 1º de marzo: “La oposición libia podría solicitar que Occidente bombardee desde el aire posiciones estratégicas de las fuerzas fieles al presidente Muamar al Gadafi, informa hoy la prensa estadounidense.”

“El tema está siendo discutido dentro del Consejo Revolucionario libio, precisan ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’ en sus versiones online.”

“‘The New York Times’ acota que estas discusiones ponen de manifiesto la creciente frustración de los líderes rebeldes ante la posibilidad de que Gadafi retome el poder”.

“En el caso de que las acciones aéreas se realicen en el marco de las Naciones Unidas, éstas no implicarían intervención internacional, explicó el portavoz del consejo, citado por ‘The New York Times’.”

“El consejo está conformado por abogados, académicos, jueces y prominentes miembros de la sociedad Libia.”

Afirma el despacho:

“‘The Washington Post’ citó a rebeldes reconociendo que, sin el apoyo de Occidente, los combates con las fuerzas leales a Gadafi podrían durar mucho y costar gran cantidad de vidas humanas.”

Llama la atención que en esa relación no se mencione un solo obrero, campesino, constructor, alguien relacionado con la producción material o a un joven estudiante o combatiente de los que aparecen en las manifestaciones. ¿Por qué el empeño en presentar a los rebeldes como miembros prominentes de la sociedad reclamando bombardeos de Estados Unidos y la OTAN para matar libios?

Algún día se conocerá la verdad, a través de personas como la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Bengasi, que con tanta elocuencia narra la terrible experiencia que mató, destruyó los hogares, dejó sin empleo o hizo emigrar a millones de personas en Iraq.

Hoy miércoles dos de marzo, la Agencia EFE presenta al conocido vocero rebelde haciendo declaraciones que, a mi juicio, afirman y a la vez contradicen las del lunes: “Bengasi (Libia), 2 de marzo. La dirección rebelde libia pidió hoy al Consejo de Seguridad de la ONU que lance un ataque aéreo ‘contra los mercenarios’ del régimen de Muamar el Gadafi.”

“‘Nuestro Ejército no puede lanzar ataques contra los mercenarios, por su papel defensivo’, afirmó el portavoz rebelde Abdelhafiz Ghoga en una conferencia de prensa en Bengasi.”

“‘Es diferente un ataque aéreo estratégico que una intervención extranjera, que rechazamos’, recalcó el portavoz de las fuerzas de oposición, que en todo momento se han mostrado en contra de una intervención militar extranjera en el conflicto libio”.

¿A cuál de las muchas guerras imperialistas se parecería esta?

¿La de España en 1936, la de Mussolini contra Etiopía en 1935, la de George W. Bush contra Iraq en el año 2003 o a cualquiera de las decenas de guerras promovidas por Estados Unidos contra los pueblos de América, desde la invasión de México en 1846, hasta la de Las Malvinas en 1982?

Sin excluir, desde luego, la invasión mercenaria de Girón, la guerra sucia y el bloqueo a nuestra Patria a lo largo de 50 años, que se cumplirán el próximo 16 de abril.

En todas esas guerras, como la de Vietnam que costó millones de vidas, imperaron las justificaciones y las medidas más cínicas.

Para los que alberguen alguna duda, sobre la inevitable intervención militar que se producirá en Libia, la agencia de noticias AP, a la que considero bien informada, encabezó un cable publicado hoy, en el que se afirma: “Los países de la Organización del Tratado del Atlántico (OTAN) elaboran un plan de contingencia tomando como modelo las zonas de exclusión de vuelos establecidas sobre los Balcanes en la década de 1990, en caso de que la comunidad internacional decida imponer un embargo aéreo sobre Libia, dijeron diplomáticos”.

Más adelante concluye: “Los funcionarios, que no podían dar sus nombres debido a lo delicado del asunto, indicaron que las opciones que se observan tienen punto de partida en la zona de exclusión de vuelos que impuso la alianza militar occidental sobre Bosnia en 1993 que contó con el mandato del Consejo de Seguridad, y en los bombardeos de la OTAN por Kosovo en 1999, QUE NO LO TUVO”.

Prosigue mañana

jueves, 3 de marzo de 2011

Ejecutivo pide facultad de autorizar funcionamiento provisional de Universidades

El Poder Ejecutivo ha enviado al Congreso de la República el Proyecto de Ley Nº 04673 el 18 de Febrero del presente año, en la que pide que se le otorgue la facultad de autorizar el funcionamiento provisional de nuevas Universidades a nivel nacional.

El meollo del asunto es que producto de la Sentencia del EXP. 0017-2008-PI/TC del Tribunal Constitucional, se impide a Conafu asumir las competencias señaladas en el art. 2 de la Ley 26439 (una de ellas reconocer a las comisiones organizadoras).

Posteriormente el TC hizo una aclaración de su sentencia y dispuso que mientras el Congreso no resuelva, el CONAFU puede continuar ejerciendo provisionalmente algunas competencias referidas a evaluación y control de universidades; pero no dispuso que asuma la competencia de evaluar, aprobar, autorizar, denegar el funcionamiento provisional de nuevas Universidades.

Pero en contraposición a lo anterior el CONAFU a través de Comunicados en su website se irroga competencias que no tiene, sorprendiendo así a incautos y a no tan incautos, pero que éstos lo utilizan para beneficio de sus intereses particulares y de grupo. Recordar que días atras se movió este asunto con respecto a la Universidad Nacional de Cañete.

El objetivo del proyecto de Ley de Alan García es llenar el vacío legal generado por la Sentencia del Tribunal Constitucional, aunque él obviamente lo hace para levantar a sus candidatos en campaña congresal.


PROYECTO DE LEY 04673

sábado, 26 de febrero de 2011

El dilema libio


POR ALBERTO ADRIANZEN

Es difícil saber cómo terminarán las recientes revueltas en el mundo árabe. Sin embargo, es probable que cambien el curso de la historia en esa zona. Las movilizaciones democráticas en todos estos países nos han permitido descubrir que en la mayoría de ellos, por no decir en la totalidad, lo que existe son viejas dictaduras, casi todas ellas apoyadas por los EEUU y los países europeos.

Una de estas es la de Muamar Gadafi (o Kadafi) que ya lleva cuatro décadas y que es, acaso, ejemplo de cómo las promesas de una revolución, al igual que en Zimbabwe con Robert Mugabe, se transforman en una pesadilla que no tiene límites. Gadafi hace ya algunos años está al servicio de las potencias occidentales y hoy parece que ya no es útil para sus intereses. Y si bien la revuelta en Libia podría terminar en una división del país y en un control del petróleo por Occidente, afectando así a la OPEP, el principal responsable de esta dramática y peligrosa situación es el propio Gadafi.

Como señaló Ayman El-Kayman en 2007: “Hace casi diez años, Gadafi dejó de ser para el Occidente democrático un individuo poco recomendable; para que le sacaran de la lista de Estados terroristas reconoció la responsabilidad en el atentado de Lockerbie; para normalizar sus relaciones con el Reino Unido dio los nombres de todos los republicanos irlandeses que se habían entrenado en Libia; para normalizarlas con EEUU dio toda la información que tenía sobre los libios sospechosos de participar en la yihad junto a Bin Laden y renunció a sus ‘armas de destrucción masiva’, además de pedirle a Siria que hiciese lo mismo; para normalizar las relaciones con la UE se transformó en guardián de los campos de concentración, donde están internos miles de africanos que se dirigían a Europa; para normalizar sus relaciones con su siniestro vecino Ben Alí (ex dictador de Túnez) le entregó a opositores refugiados en Libia” (blog de Ayman El-Kayman: 11/12/07).

La lista de tropelías del reconvertido Gadafi es tan larga como largos son los honores y pleitesías que Occidente le ha tributado en estos años. Como recuerdan Santiago Alba y Alma Allende en un reciente artículo: “La relación de Europa con Gadafi ha rozado la sumisión. Berlusconi, Sarkozy, Zapatero y Blair lo recibieron con abrazos en 2007 y el propio Zapatero lo visitó en Trípoli en 2010. Incluso el rey Juan Carlos se desplazó a Trípoli en enero de 2009 para promocionar a las empresas españolas. Por otro lado, la UE no dudó en humillarse y disculparse públicamente el 27/3/10 (…) por haber prohibido a 188 ciudadanos libios la entrada en Europa a raíz del conflicto entre Suiza y Libia por la detención de un hijo de Gadafi en Ginebra acusado de maltratar a su personal doméstico. Aún más: la UE no emitió la menor protesta cuando Gadafi adoptó represalias económicas, comerciales y humanas contra Suiza ni cuando efectuó un llamamiento a la guerra santa contra este país ni cuando declaró públicamente su deseo de que fuera barrido del mapa” (“Qué pasa con Libia: Del mundo árabe a A. Latina”. Rebelión: 24/02/11). Incluso en estos días, la UE se ha negado a sancionar al gobierno de Gadafi pese a la represión que ha desatado contra la población civil.

Por todo ello podemos decir que estamos frente a un juego de máscaras. Cuando Gadafi era rebelde, líder del tercer mundo, de los no alineados y mostraba el famoso Libro Verde, Occidente lo condenaba; pero cuando se le une, lo aplaude; y ahora que está en franca decadencia, Occidente grita a los cuatro vientos: democracia. En realidad, en este proceso y hasta ahora, es el pueblo libio quien ha pagado, como se dice, la cuenta.

Lo que comenzó como una protesta democrática puede acabar en un cambio geopolítico en esa zona, pero no queda duda de que Gadafi debe irse. Lo que hay que impedir entonces no es su salida, sino más bien que las potencias occidentales, luego de apoyar abiertamente a un dictador, terminen ganando; o, mejor dicho, apropiándose del petróleo y utilizando al pueblo libio como carne de cañón.