Por: MIRKO LAUER
La teta asustada es, por derecho propio, un lugar de la memoria. Al menos produce la misma perplejidad, furia incluso, entre las derechas racistas del Perú. En esos sectores los reconocimientos internacionales a la cinta son enfrentados con un silencio sepulcral, o aceptados a regañadientes. No les gusta el tema, no les gusta el tratamiento que se le da.
La película trae un mensaje de sanación (los efectos traumáticos de la violencia más infame pueden ser superados), e invita a pensar la tragedia peruana de los años 80-90 no como una abstracción, sino caso por caso. Los criminales mismos no aparecen en esta historia, solo sus víctimas, que son los héroes de la obra.
Contra lo que algunos de sus críticos piensan, es poco probable que La teta venga siendo premiada en el exterior por poner en vitrina las miserias de la barriada peruana, llaga social que compartimos con más de 100 países. Tampoco se trata de la conspiración de una internacional caviar que promueve confesiones tercermundistas.
El Oscar del año pasado a Slumdog Millionaire, la película hindú, muestra que los gigantescos universos marginales de la pobreza urbana han sido asimilados como tema por la globalización. Aunque también allá hubo quejas de cuidadores de la imagen, molestos porque se les estaba sacando los taparrabos al aire.
Además de su calidad cinematográfica, el argumento más fuerte para los ya numerosos premios de La teta en el exterior es su profunda cala en el tema de las vesanias contra la mujer. Se trata, entonces, de la universalidad del tratamiento. Sin duda la parte que nos toca es peruanísima. Nueve asesinadas en enero 2010, hasta donde se sabe.
Pero la cinta tiene cosas más positivas que decir sobre el país. Si bien ella no es la primera en percibir el fenómeno, el manejo que hace Claudia Llosa de cómo la chicha urbana intercambia valores traumáticos con la cultura rural andina está en el centro del proceso nacional de hoy. Hay algo de propuesta utópica en la salvación del personaje Fausta.
No es solo la violación de su madre embarazada de ella lo que lleva a cuestas la protagonista, sino por supuesto también el profundo desprecio (y autodesprecio) por la sociedad indígena de los sublevados de 1980-1992 y sus represores. Ambos bandos se tomaron libertades propias de los contextos de un racismo que niega la condición humana de la víctima.
La nominación de La teta es un momento de gran alegría para los peruanos. Pero es inevitable que sintamos un orgullo mezclado con algo de congoja, tanto si nos podemos ver en la pantalla como si no. El mal de Fausta no se cura con el olvido, sino precisamente con el ejercicio equilibrado de la memoria. Que es el arte de Claudia Llosa, ciertamente
jueves, 4 de febrero de 2010
La Teta Asustada deja a nuestra gente como bárbaros
Por ALDO MARIÁTEGUI
Como una persona que no es envidiosa y se alegra de los triunfos ajenos (aún más si es de compatriotas), me pareció bacán que La teta asustada haya sido nominada para el Oscar a la mejor película extranjera. Reconozco que en lo formal está muy bien hecha y trata de expresar una profunda sensibilidad, pero no me voy a subir ahora al carro de los aplausos de los convenidos y reitero -por más que se me vengan encima, como la vez pasada que la cuestioné- que no me gustó porque deja a nuestra gente como bárbaros que meten muertos debajo de sus camas o se introducen papas en la vagina con pasividad médica, como si eso fuera lo más normal. Me repelió esa mirada de poético safari sociológico, de National Geographic antropológico de la directora, como en esa escena de la fiesta que los pinta como pintorescos hombrecillos, casi como monitos festivos. Se me dirá que es nuestra tercermundista realidad, pero me jode en mi orgullo como peruano que eso se use para lograr premios. La verdad, dice muy poco de la dignidad y autoestima nacional que los sectores retratados no se den cuenta cómo esa mirada de limeñita blanca metida a intelectual los deja frente a los demás, sobre todo en el extranjero. Como bárbaros ignorantes. Es mi opinión y tengo todo el maldito derecho de expresarla, por más impopular y antipática que sea.
Como una persona que no es envidiosa y se alegra de los triunfos ajenos (aún más si es de compatriotas), me pareció bacán que La teta asustada haya sido nominada para el Oscar a la mejor película extranjera. Reconozco que en lo formal está muy bien hecha y trata de expresar una profunda sensibilidad, pero no me voy a subir ahora al carro de los aplausos de los convenidos y reitero -por más que se me vengan encima, como la vez pasada que la cuestioné- que no me gustó porque deja a nuestra gente como bárbaros que meten muertos debajo de sus camas o se introducen papas en la vagina con pasividad médica, como si eso fuera lo más normal. Me repelió esa mirada de poético safari sociológico, de National Geographic antropológico de la directora, como en esa escena de la fiesta que los pinta como pintorescos hombrecillos, casi como monitos festivos. Se me dirá que es nuestra tercermundista realidad, pero me jode en mi orgullo como peruano que eso se use para lograr premios. La verdad, dice muy poco de la dignidad y autoestima nacional que los sectores retratados no se den cuenta cómo esa mirada de limeñita blanca metida a intelectual los deja frente a los demás, sobre todo en el extranjero. Como bárbaros ignorantes. Es mi opinión y tengo todo el maldito derecho de expresarla, por más impopular y antipática que sea.
Aprender de Haití
Por Ignacio Ramonet
Por muy "natural" que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ha ocasionado más de cien mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido.
"Los países más pobres y los que tienen problemas de gobernabilidad están más expuestos a riesgos que los otros", confirma un reciente informe de la ONU (1). En una misma ciudad, el impacto humano de una calamidad puede ser muy distinto según las características de los barrios. En Puerto Príncipe, el seísmo se ensañó con las desvencijadas barriadas populares del centro. En cambio, los distritos privilegiados de la burguesía mulata comerciante apenas padecieron estragos.
Tampoco son iguales los pobres ante la adversidad. La Federación Internacional de la Cruz Roja sostiene que, en caso de desastre, "las mujeres, los discapacitados, los ancianos y las minorías étnicas o religiosas, víctimas habituales de la discriminación, son más castigados que los demás" (2).
Por otra parte, aunque un país no sea rico, si se dota de una política eficaz de prevención de catástrofes puede salvar muchas vidas. En agosto de 2008, el ciclón Gustav , el más violento de los últimos cincuenta años, azotó el Caribe con vientos de 340 kilómetros por hora. En Haití mató a 66 personas. Sin embargo, en Cuba no causó ninguna víctima mortal...
¿Es Haití un país pobre? En verdad, no hay países pobres; sólo existen "países empobrecidos". No es lo mismo. En el último tercio del siglo XVIII, Haití era la Perla de las Antillas y producía el 60% del café y el 75% del azúcar que se consumía en Europa. Pero, de su gran riqueza sólo se beneficiaban unos 50.000 colonos blancos, y no los 500.000 esclavos negros que la producían.
Invocando los nobles ideales de la Revolución Francesa, esos esclavos se sublevaron en 1791 al mando de Toussaint Louverture, el Espartaco negro . La guerra duró trece años. Napoleón envíó una expedición de 43.000 veteranos. Triunfaron los insurrectos. Fue la primera guerra racial anticolonial y la única rebelión de esclavos que desembocó en un Estado soberano.
El 1 de enero de 1804, se proclamó la independencia. Sonó como un aldabonazo en el continente americano. Los esclavos negros demostraban que, por su propia lucha, sin la ayuda de nadie, podían conquistar la libertad. Afro-América emergía en la escena política internacional.
Pero el "mal ejemplo" de Haití -así lo calificó el Presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson- aterrorizó a las potencias que seguían practicando la esclavitud. No se le perdonó. Y nadie reconoció, ni ayudó a la nueva república negra, pesadilla del colonialismo blanco. Aún hoy, el viejo terror no ha desaparecido. Pat Robertson, telepredicador estadounidense, ¿no acaba acaso de afirmar: "Miles de hatianos han muerto en el seísmo porque los esclavos de Haití hicieron un pacto con el diablo para obtener su libertad" (3)?
El nuevo Estado independiente fue boicoteado durante decenios con la idea de "recluir la peste" en ese país. Haití cayó en guerras civiles que arrasaron su territorio. Se perdió la necesaria etapa de construcción de un Estado-nación. Institucionalmente, a pesar de la gran calidad de sus numerosos intelectuales, el país quedó estancado.
Después vino el tiempo de la ocupación por Estados Unidos que duró de 1915 a 1934. Y de la guerra de resistencia. El héroe de la rebelión, Charlemagne Péralte, fue crucificado por los marines , clavado en la puerta de una iglesia... Washington acabó por ceder Haití a nuevos dictadores, entre ellos: Papa Doc Duvalier, uno de los más despóticos.
En los años 1970, aún gozaba Haití de soberanía alimentaria, sus agricultores producían el 90% de los alimentos que consumía la población. Pero el Plan Reagan-Bush, impuesto por Washington, obligó a suprimir los aranceles sobre la importación de arroz, producto básico del cultivo local. El arroz estadounidense, más barato porque estaba subvencionado, inundó el mercado local y arruinó a miles de campesinos que emigraron en masa a la capital, donde el seísmo los ha atrapado...
La única experiencia de gobierno realmente democrático, fue la de Jean-Bertrand Aristide, dos veces Presidente (1994-1996 y 2001-2004). Pero sus propios errores y la presión de Washington lo empujaron al exilio. Desde entonces, de hecho, Haití se halla bajo tutela de la ONU y de un conglomerado de ONGs internacionales. El Gobierno de René Préval ha sido sistemáticamente privado de medios de acción. Por eso resulta absurdo reprocharle su inoperancia ante los efectos del seísmo. Hace tiempo que el sector público fue desmantelado y sus principales actividades transferidas, si eran rentables, al sector privado, o a las ONGs cuando no lo eran. Antes de convertirse en el Ground Zero del planeta, Haití ya era el primer caso de "colonialismo humanitario". La tragedia reforzará la dependencia. Y por consiguiente las resistencias. El "capitalismo de choque", descrito por Naomi Klein, hallará una nueva ocasión de reclamar -en nombre de la eficacia- la privatización integral de todas las actividades económicas y comerciales ligadas a la reconstrucción.
Estados Unidos está en primera línea, con sus Fuerzas Armadas desplegadas en una ofensiva humanitaria de gran envergadura. Resultado sin duda de un generoso deseo de socorrer. Pero también de indiscutibles intereses geopolíticos. Washington prefiere invadir Haití de ayuda que ver invadidas sus costas por decenas de miles de boat people haitianos. En el fondo, se trata de la misma vieja obsesión: "recluir la peste"...
Notas:
(1) Riesgo y pobreza en un clima cambiante. Invertir hoy para un mañana más seguro , Naciones Unidas, Nueva York, mayo de 2009.
(2) Informe Mundial sobre los desastres 2009 , Cruz Roja Internacional, Ginebra, julio de 2009.
(3) Christian Broadcasting Network, 14 de enero de 2010.
Por muy "natural" que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ha ocasionado más de cien mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido.
"Los países más pobres y los que tienen problemas de gobernabilidad están más expuestos a riesgos que los otros", confirma un reciente informe de la ONU (1). En una misma ciudad, el impacto humano de una calamidad puede ser muy distinto según las características de los barrios. En Puerto Príncipe, el seísmo se ensañó con las desvencijadas barriadas populares del centro. En cambio, los distritos privilegiados de la burguesía mulata comerciante apenas padecieron estragos.
Tampoco son iguales los pobres ante la adversidad. La Federación Internacional de la Cruz Roja sostiene que, en caso de desastre, "las mujeres, los discapacitados, los ancianos y las minorías étnicas o religiosas, víctimas habituales de la discriminación, son más castigados que los demás" (2).
Por otra parte, aunque un país no sea rico, si se dota de una política eficaz de prevención de catástrofes puede salvar muchas vidas. En agosto de 2008, el ciclón Gustav , el más violento de los últimos cincuenta años, azotó el Caribe con vientos de 340 kilómetros por hora. En Haití mató a 66 personas. Sin embargo, en Cuba no causó ninguna víctima mortal...
¿Es Haití un país pobre? En verdad, no hay países pobres; sólo existen "países empobrecidos". No es lo mismo. En el último tercio del siglo XVIII, Haití era la Perla de las Antillas y producía el 60% del café y el 75% del azúcar que se consumía en Europa. Pero, de su gran riqueza sólo se beneficiaban unos 50.000 colonos blancos, y no los 500.000 esclavos negros que la producían.
Invocando los nobles ideales de la Revolución Francesa, esos esclavos se sublevaron en 1791 al mando de Toussaint Louverture, el Espartaco negro . La guerra duró trece años. Napoleón envíó una expedición de 43.000 veteranos. Triunfaron los insurrectos. Fue la primera guerra racial anticolonial y la única rebelión de esclavos que desembocó en un Estado soberano.
El 1 de enero de 1804, se proclamó la independencia. Sonó como un aldabonazo en el continente americano. Los esclavos negros demostraban que, por su propia lucha, sin la ayuda de nadie, podían conquistar la libertad. Afro-América emergía en la escena política internacional.
Pero el "mal ejemplo" de Haití -así lo calificó el Presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson- aterrorizó a las potencias que seguían practicando la esclavitud. No se le perdonó. Y nadie reconoció, ni ayudó a la nueva república negra, pesadilla del colonialismo blanco. Aún hoy, el viejo terror no ha desaparecido. Pat Robertson, telepredicador estadounidense, ¿no acaba acaso de afirmar: "Miles de hatianos han muerto en el seísmo porque los esclavos de Haití hicieron un pacto con el diablo para obtener su libertad" (3)?
El nuevo Estado independiente fue boicoteado durante decenios con la idea de "recluir la peste" en ese país. Haití cayó en guerras civiles que arrasaron su territorio. Se perdió la necesaria etapa de construcción de un Estado-nación. Institucionalmente, a pesar de la gran calidad de sus numerosos intelectuales, el país quedó estancado.
Después vino el tiempo de la ocupación por Estados Unidos que duró de 1915 a 1934. Y de la guerra de resistencia. El héroe de la rebelión, Charlemagne Péralte, fue crucificado por los marines , clavado en la puerta de una iglesia... Washington acabó por ceder Haití a nuevos dictadores, entre ellos: Papa Doc Duvalier, uno de los más despóticos.
En los años 1970, aún gozaba Haití de soberanía alimentaria, sus agricultores producían el 90% de los alimentos que consumía la población. Pero el Plan Reagan-Bush, impuesto por Washington, obligó a suprimir los aranceles sobre la importación de arroz, producto básico del cultivo local. El arroz estadounidense, más barato porque estaba subvencionado, inundó el mercado local y arruinó a miles de campesinos que emigraron en masa a la capital, donde el seísmo los ha atrapado...
La única experiencia de gobierno realmente democrático, fue la de Jean-Bertrand Aristide, dos veces Presidente (1994-1996 y 2001-2004). Pero sus propios errores y la presión de Washington lo empujaron al exilio. Desde entonces, de hecho, Haití se halla bajo tutela de la ONU y de un conglomerado de ONGs internacionales. El Gobierno de René Préval ha sido sistemáticamente privado de medios de acción. Por eso resulta absurdo reprocharle su inoperancia ante los efectos del seísmo. Hace tiempo que el sector público fue desmantelado y sus principales actividades transferidas, si eran rentables, al sector privado, o a las ONGs cuando no lo eran. Antes de convertirse en el Ground Zero del planeta, Haití ya era el primer caso de "colonialismo humanitario". La tragedia reforzará la dependencia. Y por consiguiente las resistencias. El "capitalismo de choque", descrito por Naomi Klein, hallará una nueva ocasión de reclamar -en nombre de la eficacia- la privatización integral de todas las actividades económicas y comerciales ligadas a la reconstrucción.
Estados Unidos está en primera línea, con sus Fuerzas Armadas desplegadas en una ofensiva humanitaria de gran envergadura. Resultado sin duda de un generoso deseo de socorrer. Pero también de indiscutibles intereses geopolíticos. Washington prefiere invadir Haití de ayuda que ver invadidas sus costas por decenas de miles de boat people haitianos. En el fondo, se trata de la misma vieja obsesión: "recluir la peste"...
Notas:
(1) Riesgo y pobreza en un clima cambiante. Invertir hoy para un mañana más seguro , Naciones Unidas, Nueva York, mayo de 2009.
(2) Informe Mundial sobre los desastres 2009 , Cruz Roja Internacional, Ginebra, julio de 2009.
(3) Christian Broadcasting Network, 14 de enero de 2010.
miércoles, 3 de febrero de 2010
VOTA POR LA TETA ASUSTADA

La BBC publicó una encuesta acerca del Oscar al mejor film extranjero. La teta asustada se curó el susto y está ganando de lejos.
Así que vota para que aumente la diferencia a favor de la película hispano-peruana.
Click Aquí: http://www.bbc.co.uk/mundo/
jueves, 28 de enero de 2010
Cambio climático agudiza intensidad de lluvias en el sur
Nuestro país es uno de los más vulnerables a los efectos de esta problemática mundial. Hoy jueves 28 de enero es el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre. Ver fotos
Uno de los efectos del cambio climático es el aumento de las fuertes lluvias que están ocurriendo hoy en la sierra sur del Perú, especialmente en el Cusco, advirtió el Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC).
Al respecto, Víctor Sánchez, geógrafo y vocero del MOCICC, explicó que una de las manifestaciones de las secuelas de este fenómeno global es el incremento de la frecuencia de ocurrencia de los eventos meteorológicos extremos que conforman la variabilidad climática tales como las torrenciales precipitaciones que azotan Cusco.
Cabe precisar que el Perú es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático. Según información oficial, en el país las principales secuelas son: reducción de los glaciares en 22% en los últimos 30 años, lo que equivale al consumo de agua de 10 años en Lima; pérdida de cultivos por la alteración del ciclo de las precipitaciones que han conllevado a la desaparición de 80 mil hectáreas de papa, según el Minam.
También hay aparición de plagas y enfermedades como el dengue, la uta y la malaria y en los próximos 50 años se prevé la sabanización de la Amazonía y el incremento del nivel del mar en los próximos 50 años, según la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina.
Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre
Hoy jueves 28 de enero se celebra el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, esto pocos días de la realización de la Cumbre Mundial de Cambio Climático que tuvo lugar en Copenhague donde los países industrializados no alcanzaron acuerdos concretos para reducir las emisiones de Gases del Efecto Invernadero (GEI) que ellos mismos generan.
Rocío Valdeavellano, coordinadora del MOCICC, sostuvo que si bien no se lograron acuerdos en Copenhague, estos deberían alcanzarse en la próxima Cumbre Mundial de Cambio Climático que se realizará este fin de año en México.
"Debemos estar alertas y activos para que en la COP 16 de México sí se lleguen a acuerdos vinculantes", resaltó Valdeavellano.
Cabe precisar que la ONU plantea la reducción de las emisiones de GEI que producen el calentamiento global en 40 por ciento al 2020, mientras que organizaciones de la sociedad civil como el MOCICC demanda compromisos de reducción de 45% al 2020 y 95% al 2050 con respecto a 1990.
Uno de los efectos del cambio climático es el aumento de las fuertes lluvias que están ocurriendo hoy en la sierra sur del Perú, especialmente en el Cusco, advirtió el Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC).
Al respecto, Víctor Sánchez, geógrafo y vocero del MOCICC, explicó que una de las manifestaciones de las secuelas de este fenómeno global es el incremento de la frecuencia de ocurrencia de los eventos meteorológicos extremos que conforman la variabilidad climática tales como las torrenciales precipitaciones que azotan Cusco.
Cabe precisar que el Perú es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático. Según información oficial, en el país las principales secuelas son: reducción de los glaciares en 22% en los últimos 30 años, lo que equivale al consumo de agua de 10 años en Lima; pérdida de cultivos por la alteración del ciclo de las precipitaciones que han conllevado a la desaparición de 80 mil hectáreas de papa, según el Minam.
También hay aparición de plagas y enfermedades como el dengue, la uta y la malaria y en los próximos 50 años se prevé la sabanización de la Amazonía y el incremento del nivel del mar en los próximos 50 años, según la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina.
Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre
Hoy jueves 28 de enero se celebra el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, esto pocos días de la realización de la Cumbre Mundial de Cambio Climático que tuvo lugar en Copenhague donde los países industrializados no alcanzaron acuerdos concretos para reducir las emisiones de Gases del Efecto Invernadero (GEI) que ellos mismos generan.
Rocío Valdeavellano, coordinadora del MOCICC, sostuvo que si bien no se lograron acuerdos en Copenhague, estos deberían alcanzarse en la próxima Cumbre Mundial de Cambio Climático que se realizará este fin de año en México.
"Debemos estar alertas y activos para que en la COP 16 de México sí se lleguen a acuerdos vinculantes", resaltó Valdeavellano.
Cabe precisar que la ONU plantea la reducción de las emisiones de GEI que producen el calentamiento global en 40 por ciento al 2020, mientras que organizaciones de la sociedad civil como el MOCICC demanda compromisos de reducción de 45% al 2020 y 95% al 2050 con respecto a 1990.
¡Hasta cuándo la irresponsabilidad de los partidos!
Mientras los partidos no entiendan que de allí deben salir los candidatos para asumir el gobierno, seguiremos a expensas de los caudillos de última hora, muchos de los cuales conciben la política como una lotería en la que pueden ganar algo
A catorce meses de las elecciones generales del 2011 ya existen 23 agrupaciones inscritas y siete esperan registro ante el JNE. Sin embargo, en la política peruana, como sucede en otros ámbitos de la vida, cantidad no es necesariamente calidad, como lo prueba el hecho de que varias de estas agrupaciones ya negocian desvergonzadamente, a vista de todos, cómo prestar esta inscripción, como vientres de alquiler, a candidatos ajenos a su propio partido.
¿Qué significa esto? Pues que no hemos aprendido nada. Los dirigentes siguen sin tomar en serio la política y no reparan en el papel trascendental que corresponde a los partidos en el andamiaje democrático e institucional del país. Es decir, algunos conciben la política como un trampolín para satisfacer vanidades personales, caprichos caudillistas o, peor aun, para servir a grupos de interés, que podrían estar vinculados al narcotráfico.
Todo esto es más preocupante por la escasa fiscalización de los entes electorales, atados de manos pues el Congreso no aprueba los cambios legales para escudriñar el financiamiento y aplicar sanciones duras. Así, la fiscalización de partidos es una entelequia, que deja las puertas abiertas a cualquier embeleco.
En cuanto a los liderazgos regionales, pues adolecen de la misma patología. A ocho meses de las elecciones regionales y municipales, sin contar la segunda vuelta, ya se vive una crispación electoral, donde el número de candidatos es inversamente proporcional al número de planes de gobierno presentados para resolver los problemas que aquejan a los vecinos, como la inseguridad ciudadana, el transporte y la planificación urbana.
También por su ambición y ansias de poder, dichos líderes continúan anclados a visiones localistas que cierran el paso a las iniciativas para fusionar regiones, lo más adecuado para descentralizar y promover el desarrollo de los pueblos del interior.
No extraña, en esta coyuntura que ya hemos advertido antes, que los partidos, según encuesta de Ipsos Apoyo, estén en el zócalo de la credibilidad ciudadana, con un porcentaje de 13%, muy por debajo del Congreso y del Poder Judicial, lo que es escandaloso. Es decir, no han salido de sus crisis ni al parecer quieren hacerlo, con poquísimas y honrosas excepciones.
Si, junto a ello, consideramos los resultados de un informe de Ciudadanos al Día (CAD) que indica que el 50% de ciudadanos no sabe qué es democracia, y de un sondeo de la PUCP que señala que el 60% de los limeños se declara insatisfecho con el sistema democrático, pues el panorama se vislumbra sombrío.
¿Qué hacer? Aún estamos a tiempo de recapacitar, lo que corresponde primeramente a los afiliados de los partidos, que deben exigir el cumplimiento escrupuloso de elecciones internas para elegir candidatos. Paralelamente, tienen que promover debates partidarios para analizar sus posibilidades electorales y, antes de eso, para revisar su doctrina y compromiso con el país.
La alerta está dada. Mientras los partidos no entiendan que son parte fundamental del sistema democrático y que de allí deben salir los candidatos para asumir el gobierno, seguiremos a expensas de la irrupción de “outsiders” y caudillos de última hora, muchos de los cuales conciben la política no como un servicio al país sino solo como una lotería en la que pueden ganar algo
EDITORIAL DE EL COMERCIO 28/01/10
(Esto es parte de la crisis de los partidos políticos, y valgan verdades que hoy dentro del sistema democrático del Estado Peruano, el único que tiene ciertas formas de mantener de una manera permanente la formación ideológica y política de sus simpatizantes y militantes es el Apra, aunque sus hechos difieran de sus principios. Edgard Cama)
A catorce meses de las elecciones generales del 2011 ya existen 23 agrupaciones inscritas y siete esperan registro ante el JNE. Sin embargo, en la política peruana, como sucede en otros ámbitos de la vida, cantidad no es necesariamente calidad, como lo prueba el hecho de que varias de estas agrupaciones ya negocian desvergonzadamente, a vista de todos, cómo prestar esta inscripción, como vientres de alquiler, a candidatos ajenos a su propio partido.
¿Qué significa esto? Pues que no hemos aprendido nada. Los dirigentes siguen sin tomar en serio la política y no reparan en el papel trascendental que corresponde a los partidos en el andamiaje democrático e institucional del país. Es decir, algunos conciben la política como un trampolín para satisfacer vanidades personales, caprichos caudillistas o, peor aun, para servir a grupos de interés, que podrían estar vinculados al narcotráfico.
Todo esto es más preocupante por la escasa fiscalización de los entes electorales, atados de manos pues el Congreso no aprueba los cambios legales para escudriñar el financiamiento y aplicar sanciones duras. Así, la fiscalización de partidos es una entelequia, que deja las puertas abiertas a cualquier embeleco.
En cuanto a los liderazgos regionales, pues adolecen de la misma patología. A ocho meses de las elecciones regionales y municipales, sin contar la segunda vuelta, ya se vive una crispación electoral, donde el número de candidatos es inversamente proporcional al número de planes de gobierno presentados para resolver los problemas que aquejan a los vecinos, como la inseguridad ciudadana, el transporte y la planificación urbana.
También por su ambición y ansias de poder, dichos líderes continúan anclados a visiones localistas que cierran el paso a las iniciativas para fusionar regiones, lo más adecuado para descentralizar y promover el desarrollo de los pueblos del interior.
No extraña, en esta coyuntura que ya hemos advertido antes, que los partidos, según encuesta de Ipsos Apoyo, estén en el zócalo de la credibilidad ciudadana, con un porcentaje de 13%, muy por debajo del Congreso y del Poder Judicial, lo que es escandaloso. Es decir, no han salido de sus crisis ni al parecer quieren hacerlo, con poquísimas y honrosas excepciones.
Si, junto a ello, consideramos los resultados de un informe de Ciudadanos al Día (CAD) que indica que el 50% de ciudadanos no sabe qué es democracia, y de un sondeo de la PUCP que señala que el 60% de los limeños se declara insatisfecho con el sistema democrático, pues el panorama se vislumbra sombrío.
¿Qué hacer? Aún estamos a tiempo de recapacitar, lo que corresponde primeramente a los afiliados de los partidos, que deben exigir el cumplimiento escrupuloso de elecciones internas para elegir candidatos. Paralelamente, tienen que promover debates partidarios para analizar sus posibilidades electorales y, antes de eso, para revisar su doctrina y compromiso con el país.
La alerta está dada. Mientras los partidos no entiendan que son parte fundamental del sistema democrático y que de allí deben salir los candidatos para asumir el gobierno, seguiremos a expensas de la irrupción de “outsiders” y caudillos de última hora, muchos de los cuales conciben la política no como un servicio al país sino solo como una lotería en la que pueden ganar algo
EDITORIAL DE EL COMERCIO 28/01/10
(Esto es parte de la crisis de los partidos políticos, y valgan verdades que hoy dentro del sistema democrático del Estado Peruano, el único que tiene ciertas formas de mantener de una manera permanente la formación ideológica y política de sus simpatizantes y militantes es el Apra, aunque sus hechos difieran de sus principios. Edgard Cama)
miércoles, 27 de enero de 2010
Nacionalismo
Por Raúl Wiener
En el 2005, hacía 15 años, que en el Perú estaba prohibido hablar de nacionalismo. Uno de los sentidos comunes generados por la crisis era que no había salidas hacia dentro de la economía y que nuestro destino no iba más allá que ser parte de las corrientes de la globalización.
Las propias izquierdas no escapaban al sentido de las mareas. Y de allí tanto afán de encontrar aliados hacia el centro del sistema político. Y de sustituir banderas que creían desgastadas por discursos más modernos sobre la inclusión, la descentralización y la democracia.
Pero ya en junio del 2005 circulaba entre sectores políticos y periodísticos una encuesta que señalaba que el 31% de los peruanos se definía políticamente como nacionalista, por encima de otras categorías como derecha, izquierda o centro, y más del 60% creía necesaria la nacionalización de los hidrocarburos y una cifra semejante la de la minería.
En esa misma consulta se veía por primera vez un avance del precandidato Ollanta Humala hasta un 10%, que contradecía a las estimaciones públicas que lo daban por debajo del 5%. Pero iban a pasar algunos meses para que la ecuación Humala-nacionalismo se revelara más claramente. Y algunos más para que la relación con lo que estaba pasando en el continente apareciera evidente.
En abril de 2006, el nacionalismo obtuvo la primera votación en la vuelta del descarte y en junio del mismo año llegó un poco más arriba del 47% contra todos los partidos políticos.
Algunos dicen que esta era una votación de protesta (antisistema) que equivalía a ningún planteamiento. Pero si miramos seriamente lo que realmente pasó, el voto ciego, con narices tapadas, a lo que venga, fue el otro, que ungió a García presidente por segunda vez.
En cambio hay una línea de continuidad entre los conflictos y movilizaciones sociales, de los últimos años y los temas que estaban en la campaña 2005-2006: recursos naturales, derechos comunales y regionales, concesiones y privatizaciones, apertura de mercado y producción nacional, servicios públicos e infraestructura económica, Constitución de 1993 y capítulo económico.
Tiene razón el director de El Comercio cuando dice que el nacionalismo, aquí, en Venezuela, Ecuador o Bolivia, es una reacción al neoliberalismo. El punto es saber de qué sirve constatar esto si lo que sigue es una afirmación en el sentido de que hay una contraposición entre nacionalismo y universalismo, en un mundo que tiende a la globalización.
¿Quiere decir que no hay salida al neoliberalismo porque prevalecerá la globalización?, ¿o es que existe algún universalismo que nos salve del imperio de las grandes finanzas y de la imposición de las empresas transnacionales?, ¿cuál sería esa?
El contenido desnacionalizador y privatizador del neoliberalismo ha generado la reacción nacionalista en América Latina. Y como es evidente que nadie puede existir en esta época al margen del mundo, lo que se está produciendo es una convergencia de diversos proyectos. Eso significa que no hay posibilidad de autarquías. Lo que está en juego es si se cambian las relaciones entre las dos partes del mundo.
En el 2005, hacía 15 años, que en el Perú estaba prohibido hablar de nacionalismo. Uno de los sentidos comunes generados por la crisis era que no había salidas hacia dentro de la economía y que nuestro destino no iba más allá que ser parte de las corrientes de la globalización.
Las propias izquierdas no escapaban al sentido de las mareas. Y de allí tanto afán de encontrar aliados hacia el centro del sistema político. Y de sustituir banderas que creían desgastadas por discursos más modernos sobre la inclusión, la descentralización y la democracia.
Pero ya en junio del 2005 circulaba entre sectores políticos y periodísticos una encuesta que señalaba que el 31% de los peruanos se definía políticamente como nacionalista, por encima de otras categorías como derecha, izquierda o centro, y más del 60% creía necesaria la nacionalización de los hidrocarburos y una cifra semejante la de la minería.
En esa misma consulta se veía por primera vez un avance del precandidato Ollanta Humala hasta un 10%, que contradecía a las estimaciones públicas que lo daban por debajo del 5%. Pero iban a pasar algunos meses para que la ecuación Humala-nacionalismo se revelara más claramente. Y algunos más para que la relación con lo que estaba pasando en el continente apareciera evidente.
En abril de 2006, el nacionalismo obtuvo la primera votación en la vuelta del descarte y en junio del mismo año llegó un poco más arriba del 47% contra todos los partidos políticos.
Algunos dicen que esta era una votación de protesta (antisistema) que equivalía a ningún planteamiento. Pero si miramos seriamente lo que realmente pasó, el voto ciego, con narices tapadas, a lo que venga, fue el otro, que ungió a García presidente por segunda vez.
En cambio hay una línea de continuidad entre los conflictos y movilizaciones sociales, de los últimos años y los temas que estaban en la campaña 2005-2006: recursos naturales, derechos comunales y regionales, concesiones y privatizaciones, apertura de mercado y producción nacional, servicios públicos e infraestructura económica, Constitución de 1993 y capítulo económico.
Tiene razón el director de El Comercio cuando dice que el nacionalismo, aquí, en Venezuela, Ecuador o Bolivia, es una reacción al neoliberalismo. El punto es saber de qué sirve constatar esto si lo que sigue es una afirmación en el sentido de que hay una contraposición entre nacionalismo y universalismo, en un mundo que tiende a la globalización.
¿Quiere decir que no hay salida al neoliberalismo porque prevalecerá la globalización?, ¿o es que existe algún universalismo que nos salve del imperio de las grandes finanzas y de la imposición de las empresas transnacionales?, ¿cuál sería esa?
El contenido desnacionalizador y privatizador del neoliberalismo ha generado la reacción nacionalista en América Latina. Y como es evidente que nadie puede existir en esta época al margen del mundo, lo que se está produciendo es una convergencia de diversos proyectos. Eso significa que no hay posibilidad de autarquías. Lo que está en juego es si se cambian las relaciones entre las dos partes del mundo.
Horror al vacío
Por Juan Carlos Valdivia
En política, existe una ley no escrita: Los vacíos se llenan. Cuando un político deja su posicionamiento en el espectro político, aparecerá otro que tome su lugar. Ello explica las movidas de dos líderes políticos en los últimos días.
Lourdes Flores ha salido a evitar el desbande partidario (hasta sus alcaldes más cercanos ya estaban con la camiseta de Alex Kouri) aceptando la posibilidad de una candidatura a la alcaldía de Lima. Y si bien el anuncio ha servido como un dique de contención, tiene un plazo en el que requerirá de definiciones.
Mientras tanto, Lourdes Flores está usando internet para generar una corriente de opinión al lanzar una consulta abierta a través de Facebook (eso lo entiende cualquiera que sabe que la comunicación tiene dos vías) y gana tiempo para una decisión final.
Jorge del Castillo también ha salido a ocupar un espacio que nadie quería asumir. En el Partido Aprista, las decisiones las toma Alan García, pero un político con aspiraciones presidenciales no puede dar muestras de estar sometido a otras voluntades. Del Castillo ha movido sus fichas, adelantando su intención con el fin de que no aparezcan otros probables candidatos, frutos de alianzas o alguna estrategia diseñada desde Palacio de Gobierno.
Otro que ha salido a ganar un espacio vacío es Jaime Bayly, quien trata de sorprender y convertirse en el outsider. Su propuesta, de consolidarse, terminará por afectar la candidatura de Luis Castañeda Lossio y favorecerá a quien se ubique en tercer lugar, que probablemente sea Alejandro Toledo o Jorge del Castillo. ¿Habrá calculado Jaime esta posibilidad? Hay pues también una relación entre la oferta y la demanda de políticos. Cada cual tiene un segmento del mercado que no puede abandonar, pues sino aparecerá otro proveedor de esperanzas que busque captar la demanda no satisfecha. En eso también hay consumidores que se dejan llevar por la publicidad y la moda, mientras que otros buscarán productos tradicionales, de marca garantizada. Todo depende de una correcta estrategia.
En política, existe una ley no escrita: Los vacíos se llenan. Cuando un político deja su posicionamiento en el espectro político, aparecerá otro que tome su lugar. Ello explica las movidas de dos líderes políticos en los últimos días.
Lourdes Flores ha salido a evitar el desbande partidario (hasta sus alcaldes más cercanos ya estaban con la camiseta de Alex Kouri) aceptando la posibilidad de una candidatura a la alcaldía de Lima. Y si bien el anuncio ha servido como un dique de contención, tiene un plazo en el que requerirá de definiciones.
Mientras tanto, Lourdes Flores está usando internet para generar una corriente de opinión al lanzar una consulta abierta a través de Facebook (eso lo entiende cualquiera que sabe que la comunicación tiene dos vías) y gana tiempo para una decisión final.
Jorge del Castillo también ha salido a ocupar un espacio que nadie quería asumir. En el Partido Aprista, las decisiones las toma Alan García, pero un político con aspiraciones presidenciales no puede dar muestras de estar sometido a otras voluntades. Del Castillo ha movido sus fichas, adelantando su intención con el fin de que no aparezcan otros probables candidatos, frutos de alianzas o alguna estrategia diseñada desde Palacio de Gobierno.
Otro que ha salido a ganar un espacio vacío es Jaime Bayly, quien trata de sorprender y convertirse en el outsider. Su propuesta, de consolidarse, terminará por afectar la candidatura de Luis Castañeda Lossio y favorecerá a quien se ubique en tercer lugar, que probablemente sea Alejandro Toledo o Jorge del Castillo. ¿Habrá calculado Jaime esta posibilidad? Hay pues también una relación entre la oferta y la demanda de políticos. Cada cual tiene un segmento del mercado que no puede abandonar, pues sino aparecerá otro proveedor de esperanzas que busque captar la demanda no satisfecha. En eso también hay consumidores que se dejan llevar por la publicidad y la moda, mientras que otros buscarán productos tradicionales, de marca garantizada. Todo depende de una correcta estrategia.
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